sábado, 25 de diciembre de 2010

En la inmensa oscuridad...

Pienso que todas las personas llevamos dentro una pequeña vela con una llama cálida. Esa llama a veces es débil, cuando entra una ráfaga de tristeza en nuestro interior. Pero ese soplo de melancolía tarde o temprano se va. Y la llama vuelve a bailar brillante, del color de un atardecer. Hasta que ese viento es tan fuerte que consigue consumir la llama a su más mínimo esplendor. Alguien sopla y todo por lo que un día sonreí se me viene encima, haciéndome ver que ya nada volverá a ser como antes. Ese futuro que había imaginado se desvanece con la pequeña llama. Cuando una vela está apunto de apagarse todavía queda una esperanza de reavivar la llama, pero cuando se apaga del todo, y no queda ni un poquito de luz, no hay nada que reavivar. De las cenizas nunca se sacó fuego. Entonces una inmensa oscuridad me llena de vacío. Mis ojos se inundan y ahí es cuando comprendo que tengo pánico a la oscuridad.

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